El mago

Hace algunos meses, leí un cuento recomendado por Antonio Corredor, mi amigo y profesor de Literatura en bachillerato, titulado Arsenal de Roberto Echeto. Fue muy acertada la recomendación de Antonio ya que el cuento se centraba en un mago.

El policía se había llevado a el mago Dave Mallory porque, de manera inexplicable, aparecían pistolas en su bolsillo. Lamentablemente para el mago era imposible frenar este fenómeno. El truco no estaba bien ensayado y , para colmo, no podía explicar el método (un mago nunca revela sus secretos). El policía, desesperado, preguntaba de dónde saca las pistolas y cómo lo hace. Las respuestas a esos cuestionamientos eran “aparecen” o “es magia”.

Cuando leí este relato no paraba de pensar en la inseguridad de la que todos somos víctimas. Tanta gente armada en la calle. ¿Dónde está la persona que les entrega armamento al hampa? ¿Por qué la gente dentro de las cárceles parece estar con mejores fusiles que aquellos que la vigilan? Dentro de tanta incertidumbre, Roberto Echeto me ha otorgado la respuesta: la culpa es del mago.

Lo mínimo que puede exigir un ciudadano es su seguridad. Cuando haya algún hecho violento, que se encuentren a los culpables. Que la palabra ¨impunidad¨ desaparezca de nuestro vocabulario. No podemos permitir que todavía existan madres preguntándose sobre la muerte de sus hijos. Caracas parece, en palabras de Echeto, “un mundo estúpido en el que hay más balas que gente”.

¿Por qué digo que el culpable de todo esto es un mago como en el cuento? Cuando los organismos que deberían proteger la vida de los ciudadanos dicen que la inseguridad es una “sensación” y que hay una “satanización” de grupos armados, lo único que nos queda es que la literatura nos dé una respuesta.

Así que , para mí, un mago es el culpable de Mónica, Bassil, Geraldine, Juancho, Argenis, Jesús, Wilfredo, Gustavo, Luis Daniel y otros 24.763 venezolanos que fueron victimas de esas balas que vuelan por las calles.

Quiero que el día cuando se erradique la violencía en el país llegue más pronto que tarde. No puede ser que un cuento tenga más respuestas que los organismos de seguridad.

Una pistola menos, una pistola más. En fin, todavía no han metido preso al mago que anda repartiendo armas por ahí.

Rafael Gorrochotegui

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