Aquí cambiaron las cosas

Aquí cambiaron las cosas

Un mes después vemos los votos hechos realidad. Parecía que, entre tanto culebreo, nos habían quitado nuestro logro. ¡Pero que va! Le metieron picante a la sopa. Se marearon buscando un tubo de escape. Hay una sola cosa que no podían cambiar con la Gaceta Oficial: paralizar el tiempo para que no les llegara el cinco de enero. Les llegó y no hallaban qué hacer.

Entre tensiones desde la mañana con piquetes de la Guardia Nacional y diputados que no los dejaban pasar, pareciera que las cosas no se iban a dar con la normalidad tan común en el resto de los países. Bueno, tampoco se esperaba que asumieran una derrota con normalidad. Los diputados llegaban a los alrededores del Poder Legislativo y empezaban a ser protegidos por otro poder. Sí, ese con el que los venezolanos pudieron ver bastante de los hechos. Ese poder valiente con cámara y micrófono en mano. Los medios de comunicación retomaron su puesto y aquellos que explican sus ideologías con falacia metafísica del mismo guión estaban con la mirada nacional e internacional.

Entraron todos a la Asamblea Nacional y dos tercios de los venezolanos agarraron sus cotufas, así sean imaginarias, para estar al tanto del evento. Empezaron los señores resentidos con su programación neurolingüstica, percepción extra sensorial, lecturas en frío y demás tergiversaciones del lenguaje. Hasta les provocó hacer que la visita borracha se lanzara un discurso como de esos que uno echa cuando no te sabes el tema de la exposición en el colegio. Tocó autojuramentarse el nuevo presidente de la Asamblea porque la visita no aguantaba la pea que tenía encima.

Y así empezó el primer cambio, el cambio protocolar. Este primero no resultó tan impactante. Es la imagen que uno sueña todos los días desde el seis de diciembre pasado.

Fue cuando empezó a hablar Pedro con un discurso prehistórico cuando no debía, cuando le tocaba postular candidatos. El juraba que el presidente de la Asamblea seguía siendo el bebé Gerber gigante. Ya no. El presidente ahora es un ciudadano, no un militar. Carreño juraba que se podía echar los quince minutos de el visitante borracho.

El nuevo presidente le dijo claro y raspao':

Usted no lleva el tiempo. El tiempo lo llevo yo. Mire que aquí cambiaron las cosas.

Aquí cambiaron las cosas.

Y así empezaron una serie de arrebatos, alaridos, lloriqueos, malcriadeces. Parecía que estaba leyendo al joven Werther en pleno desahogo romántico. Hicieron lo imposible, pero el caballo ya cambió de jinete.

Seguían suplicando como aquel niño malcriado que hace lo que le venga en gana. Todo por una verificación nominal para aceptar algo que debieron procesar hace un mes. ¿No se han dado cuenta que el rimbombante Gran Polo Patrótico es minoría?

Buscando enfrentamientos para los que no saben dialogar, dos tercios de la Asamblea demostró que estaba comprometida a elevar el nivel del Poder Legislativo. Un tercio se retiró pataleando a hablarle a los medios de la misma falacia metafísica. Todo en el primer día. El camino estaba abierto, pero ha iniciado bastante inclinado.

No recuerdo quién se digno a decir la frase, pero ejemplifica la misión que tiene ahora la Asamblea y los ciudadanos:

Que ningún proyecto político se alimente de nuestra nación.

Ahora a exigirle a esos dos tercios, a dejar a un lado el circo. Quiero que asistan siempre vestidos con la misma formalidad (excepto el liqui liqui blanco). No griten ni busquen violencia(va contigo Requesens). No se tapen los ojos por las prioridades partidarias y enfoquense en las prioridades nacionales( escuche Voluntad Popular). Pueden sacar gobiernos y liberar presos políticos, pero recuerden lo que quiere el pueblo: comida, salud, seguridad, educación, bienestar.

Aquí cambiaron las cosas.

Que cambie para bien y no continuemos en la falacia metafísica de la Asamblea anterior.

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Un comentario en “Aquí cambiaron las cosas

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