500 palabras: un mes después

 

Como muchas personas, siempre tuve la idea en mi cabeza de escribir. Nunca hacía nada al respecto, pero la idea seguía en mi cabeza. Cada vez que leía algo que me inspiraba, volvía mi interés.

Me intriga cómo una persona puede colocar sus ideas en orden. Es una locura cuando piensas que los escritores mantienen una estructura entre cientos de páginas cuando otros no pueden ni organizar un párrafo. Sentí que tenía algo que compartir en palabras.

En el colegio siempre me hablaban de mi capacidad de escribir bien. No era el primero en entregar los trabajos, pero me dedicaba a escribir algo decente. Nunca lo vi como un verdadero talento. Abrí este blog no por mi interés de escribir, sino de compartir ideas.

Nunca escribía de manera rutinaria. Varias veces intenté escribir en un diario con resultados poco favorables. Hasta un día pensé en escribir un cuento corto o una serie de artículos. Esas ideas fueron desapareciendo. Me sentía incapaz.

Cuando llegó la universidad, tuve un reencuentro con la escritura. En primer año, estaba redacción y estilo. Tuve inconvenientes porque no tenía hábito de escribir y tampoco tuve mucha motivación, aunque fue el inicio. El año pasado me tocaba Géneros Periodísticos y mi acercamiento fue normal. Redactar noticias no era lo mío. La estructura era sencilla y terminaba los trabajos. No me gustaba la idea de estructurar lo escrito de una manera que le quitara la voz al escritor. Luego empezamos a trabajar con la crónica y podía intentar cosas diferentes.

Hace cuatro años abrí este blog por razones que ahorita no recuerdo. De vez en cuando escribía uno que otros mes. No había una regularidad porque no tenía un hábito de escribir de manera constante. Cuando quería desarrollar una idea, me paralizaba ver la pantalla en blanco y la rayita azul titilando, esperando a que teclee la primera letra.

Unos meses atrás leí un libro de Marty Sklar que me motivó a dejar mis temores. Al final dice algo así:

Existen dos maneras de ver una hoja en blanco. Puede que sea el temor más grande porque eres el que va a colocar la primera marca. O puede ser la oportunidad más grande, ¡porque vas a colocar la primera marca!

Decidí ver la hoja (o pantalla) blanca como una gran oportunidad.

Así recupere mis esperanzas en aprender a escribir con estructura. Mis primeros intentos fueron en julio de 2015. De este primer esfuerzo salieron tres artículos dedicados a mi admiración por Walt Disney Imagineering. Tenía mapas mentales, bosquejos, y día de publicación. Fue excelente para iniciar. En poco tiempo me cansé un poco y me volví a quedar sin muchas ideas para escribir. Me fatigaba el trabajo para hacer los escritos.

Empecé a hacer breves críticas de películas que vi durante vacaciones. Este ejercicio también me dio un nuevo respiro o una nueva opción para liberar mi emoción de escribir. Y así fue hasta que regresé a la universidad.

Con la universidad, no tuve un plan para seguir escribiendo. Seguía siendo muy primitivo en el sentido que no encontraba una dedicación constante. No encontraba una manera de continuar.

Un libro llamado Bird by Bird de Anne Lammot me aterrizó a la tierra. Parte manual de escritura y parte memoria, logré ubicar mi frustración. Estaba intentando escribir y que me saliera bien en el primer borrador. Esa no era la idea. La calidad del escritor tiene que ver con la cantidad que escribe. De mil palabras que escriba alguien, puede que quinientas son las que ven la luz pública. También aprendí a escoger temas con claridad.

Si quiería escribir bien, tenía que hacerlo todos los días.

Entonces regresé a la idea de tener un diario. Podía escribir de manera informal y no tenía el compromiso de publicarlo. Con escribir un párrafo todos los días era suficiente. Se ha comprobado que las personas que tienen un diario son más felices y el efecto fue instantáneo en mi. Ya no tenía necesidad de escribir, sino el hecho de organizar mis ideas para calmarme y sentirme mejor en el día. Es como una pequeña terapia diaria. Tenía un impulso de aprovechar el día. Cuando me sentía triste solo leía algunas cosas que escribía en mi diario. Leer momentos difíciles te recuerdan que siempre van a ser parte de la vida y no siempre son tu culpa.

Con el hábito de escribir en mi diario, ya tenía la seguridad de escribir sin quedarme paralizado por media hora pensando.

Desde el primer día del año me dedico a escribir 500 palabras al día. El día antes me planteo un tema y lo escribo para estar listo el día siguiente. Sin pensar mucho, me dedico a escribir. Cuando lo que escribo es horrible, me calmo un poco porque se puede editar en el futuro. Siempre habrá días en que es más difícil escribir.

Mi meta ha sido de publicar al menos un artículo a la semana. Esto me obliga a aprender a editar y escoger entre los artículos de toda una semana.

Así he aprendido a escribir con regularidad. Los resultados han sido buenos porque lo hago para mi. Cuando publico un artículo no me desanimo cuando lo leen pocas personas. Eso no quita el hecho que me gusta promocionar lo que escribo porque la motivación de publicar es ser leído. Mi motivación es que todos los días escribo 500 palabras al día sin tener excusas. El impulso es seguir escribiendo todos los días.

Hacer lo que nos importa debe convertirse en algo diario. Vivimos en un mundo que las personas esperan a que les llegue la idea. Mientras unos esperan, otros trabajan sin parar para prepararse a la oportunidad.

Lo que he aprendido con este intento de escribir es que todo se basa en hábitos diarios. Hay días que vas a estar motivado y otros no. El progreso que haces será el resultado de un trabajo constante.

Gracias a la escritura puedo pensar de manera estructurada. Hay días que escribo sobre mis opiniones de teorías en la magia. Sin darme cuenta, he empezado a tener más ideas en el último mes. Si estructuras tus ideas le haces un favor a tu cerebro lleno de decisiones diarias.

Cuando llevo mucho tiempo pensando en algo, me siento a escribir. No limito mis temas y puede que ese escrito no sea el mejor. Pero cuando quiero volver a hablar de ese tema puedo leer y tomar las partes importantes del escrito anterior.

Puede que escribir artículos no sea lo tuyo. De la misma manera, recomiendo un diario. Escribe diariamente de cosas que agradeces y los logros del día. Vas a tener un reflejo sincero de cómo eres. Al conocerte, vas a ser feliz.

Entonces, un mes después, continuaré escribiendo. Se ha vuelto un hábito que ha cambiado mi vida y estoy seguro que continuará. Sigo en un aprendizaje constante, leyendo libros de redacción e intentando distintos estilos. Escribir me permite estar en un estado zen que necesitaba desde hace tiempo. Gracias a ello han salido ideas sobre magia, escritura, mi futuro y otros temas.

Un mes después escribo un artículo de 1221 palabras sobre mi experiencia. He publicado casi 7000 palabras en lo que va de año. Solo me queda invitarte a escribir si llevas tiempo pensándolo.

Empieza escribiendo 500 palabras.

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