La página en blanco

Hay días en los que veo la pantalla sin palabras. Está sola, con el cursor titilando, esperando que una idea salga de mi.

Cuando me siento a escribir, siempre ocurre. Allí está el cursor, la pantalla vacía y mi crítico interior negando toda idea que cruce por mi mente.

Existen dos mentalidades al escribir: el escritor y el editor. Me paralizo cuando estas dos mentalidades luchan en mi cabeza. El escritor quiere plasmar ideas y el editor le niega esa oportunidad.

Para todo trabajo creativo, hay un escritor y un editor luchando. Alguien con ganas de gritar y el otro le tapa la boca. Se presenta una resistencia. No te deja lograr tus deseos.

Y está dentro de tí.

Miedo, ansiedad, frustración, estrés.

Si el escritor dentro de mi no se sienta a plasmar palabras sin coherencia, el editor no tendría trabajo ni algo que publicar. Hay un balance. El escritor hace el carbón, el editor lo convierte en diamante.

Anne Lammot dice que todo gran escritor empieza con un primer borrador de mierda. No es importante que el primer borrador sea perfecto. El primer borrador es para mejorarlo. Stephen King no hizo un solo borrador de La Torre Oscura o El Resplandor. Sus libros son resultados de un primer borrador. Sin esas primeras palabras, no hay libro.

Y así como el que escribe tiene que hacer un primer borrador de mierda, ocurre con otras áreas. Tenemos miedo a dar el primer paso, a sentirnos principiantes, a enfrentar inseguridades.

No nos gusta tomar decisiones; nos fatiga escoger. No tomamos la responsabilidad de dar los pasos necesarios para manejar nuestra vida. No controlarla, sino manejarla. Toda idea de control termina siendo una ilusión.

¿Apagar la alarma o levantarse de la cama? ¿Qué voy a desayunar? ¿Cómo me voy a vestir? Cada una de estas decisiones determina el día que vamos a tener e involucra una porción de energía mental.

Somos los hábitos que tenemos. Y los tenemos porque un día tomamos la decisión de hacer una actividad de manera constante y continua.

Ya son seis meses desde que intento escribir 500 palabras al día, leer durante diez minutos, programar actividades importantes que quiero hacer en el día. Estas son decisiones que hice para no paralizarme, para que mi día no sea una pantalla vacía, sin nada que decir o aportar. Estas pequeñas decisiones te motivan, permiten que tu integridad personal se mantenga. Tienes un camino definido. La productividad involucra tu salud social, física y mental.

¿Quién soy para decir que las personas no viven con propósito, que no toman decisiones diarias, que no tienen la capacidad para lograr cosas? Lo vivo todos los días. Lo vivo cuando siento que todo ese esfuerzo no vale la pena. Todos en algún momento vivimos sin propósito, sentimos que no tomamos las decisiones correctas o dejamos a un lado un área de nuestras vidas. Eso está bien. Pero quejarse por ello sin tener la voluntad de cambiarlo, no tanto. Porque sentir que tenemos la voluntad de tomar acción frente a los problemas es la única forma de lograr nuestro propósito.

Cuando las personas tienen ciertos comportamientos y actitudes ya fijados, piensan que así son, no hay forma de cambiar. Se paralizan por intentar algo diferente. Su vida ya tiene páginas llenas de palabras que no piensan cambiar. Puede que las páginas anteriores no se puedan editar, pero sí se puede seguir escribiendo. Y puede que al inicio no te gustó lo que escribiste, pero faltan muchas páginas en blanco que puedes llenar para cambiar el futuro.

Está bien evaluarse y considerar qué se puede mejorar.

Cambiar es complicado.

El simple hecho de aceptar un cambio ya es un reto. Necesitas de una motivación interna para actuar por ello.

Así fue con los Buccaneers de Tampa Bay, considerado el peor equipo de fútbol americano hasta que ganaron el Super Bowl. No sabían cómo mejorar, hasta que llegó un coach y los obligó a escribir una página en blanco. Empezaron de nuevo, vieron las páginas a escribir y asumieron que sí podían cambiar.

Hay días en los que veo la pantalla sin palabras. Está sola, con el cursor titilando, esperando que una idea salga de mi.

Cuando me siento a escribir, siempre ocurre. Allí está el cursor, la pantalla vacía y mi crítico interior negando toda idea que cruce por mi mente.

Pero trato de sentarme a escribir lo más que pueda para que la resistencia y la energía para realizarlo sea menor, convertirlo en algo habitual. En cada sentada, tengo que empezar de nuevo. Y empezar de nuevo es genial porque todos los días tengo un reto que vencer.

Acepta el reto, no te paralices.

Todo puede cambiar. La vida solo se escribe. No la puedes editar.

Continúo sin saber qué voy a escribir, pero así llegué a esta idea. Y si no hubiese aceptado el reto, no existiera este artículo, ni este blog. No sabía qué escribir, el mismo reto que tengo cinco años después de mi primera publicación.

Llena la página en blanco.

No sabes a dónde te pueda llevar.


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6 comentarios en “La página en blanco

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