Digital Love

¿Qué estás escuchando en el iPod?

Esa pregunta marcó mi generación. Te podía dar miedo o alegría de que alguien se interesara en tus gustos musicales.

Colocarle los audífonos a alguien para escuchar tu iPod era un ritual. El iPod era una caja de Pandora, con todas tus emociones recopiladas en letras, ritmo y armonía.

A medida que encontramos tecnologías para archivar la música, el consumo de la música se hizo más personal. Antes se escuchaba solo en conciertos o en los pianos de las casas. Luego la radio llenaba la casa de los hits del momento. Empezó la concepción de un album, los singles, el lado A/B. El CD fue un paso hacia un nuevo modo de escuchar música. Fue la primera introducción del playlist. Luego llegó el Walkman hasta el iPod. De los grandes conciertos llegamos a tener mini cornetas que nos susurran la música.

iPod Classic Blanco. 30GB. Ese fue mi primer iPod. Un regalo de navidad.

Allí empezó mi afición por buscar y compartir música. En un nivel inconsciente, me estaba descubriendo. Limewire era la norma para descargar música. Empezó el mashup de artistas, géneros y épocas. Pensar que Mozart, Venezuela Subterránea y Michael Jackson podían convivir en el mismo iPod. Un collage de ritmos estaban en aquel reproductor de música. Good Charlotte, El Mago de Oz, Red Hot Chili Peppers, Gorillaz, Daddy Yankee, Blink 182, Circo Urbano, Infected Mushrooms. Cada artista correspondía a un sentimiento.

Tenía unas 2000 canciones cuando la Sony VAIO de mi papá se le dañó el sistema. La laptop se calentaba hasta que se apagaba. No duraba ni cinco minutos encendida. Aunque le colocamos ventiladores por debajo y la colocamos en un pequeño stand, un día no prendió más. Perdí todas mis canciones.

Reconstruir la librería tomó dos semanas. Hubo muchas canciones que no me acordaba o decidí que no eran necesarias. Fue la primera vez que reconsideré el tipo de música que escuchaba.

Repararon la laptop y transferí la música otra vez. Cuando tuve un nuevo computador, ya sabía cómo no perder mi música.

Seguía con un iPod sin identidad. Nada definido y pocos artistas favoritos. La música surgía de lo que escuchaba en la radio y la televisión. Podía entusiasmarme con un artista, pero eso duraba un par de meses.

Mi conciencia de los géneros era reducido. Claro, podía separar el rock de el pop. No seguía un género particular.

El género electrónico me llamó la atención. Era evidente sus diferencias entre los otros géneros musicales. Me llamaba la atención por su complejidad dentro del minimalismo de sus elementos. Era como escuchar música tribal del s.XXI. No conocía muchos artistas. Tiësto, Armin Van Buuren, Darude, Infected Mushrooms, David Guetta y RJD2 eran algunos que escuchaba.

En 9no grado de bachillerato empecé a escuchar 4×4=12 de deadmau5. Nunca había escuchado un album durante meses sin perder el asombro. El ritmo, la simpleza y la progresión de la música me hipnotizaba. No era el house davidguetoso que se escuchaba en todas partes. Era algo nuevo, refinado. Desde Cthulhu Sleeps hasta Sofi Needs a Ladder, cada canción respondía a un sentimiento. El album marcó mi vida. Cuando lo escuché supe que la electrónica era mi género.

Mi dedicación al género electrónico no era el niño mainstream de raves que escuchaba interminablemente el aftermovie de Tomorrowland. Sí, hay cosas de eso que disfrutaba, pero no eran mi mayor atracción. La electrónica no era una rumba todo el tiempo.

Cuando escuchaba los lanzamientos semanales en Soundcloud, aprendí a mezclar. Había un aspecto de meditación cuando hacía mis propios mixes para escucharlos en el día.

En ese entonces, deadmau5 seguía siendo mi mayor influencia. Descargué toda su música, desde sus momentos que publicaba canciones en Myspace antes de ser descubierto por Ultra Music Records. Podía escuchar horas de su música. Cada album era encontrar un productor diferente.

En el camino empecé a descubrir nuevos productores y escuchar detenidamente sus estilos. Daft Punk, Steve Angello, Hardwell, Dubvision, Zedd, Eekkoo, Alesso, Armin Van Buuren, Pig&Dan, Marco Carola. Las raíces de cada subgénero hacían parte de mi descubrimiento.

Hay personas  a quienes no les gusta la electrónica cuando en realidad no les gusta el EDM mainstream. Basta que una persona se siente en mi carro y me pregunte cómo se llama una canción. El espectro es más amplio que el EDM y el big room que se escuchan en los festivales.

Mi iPod se ha refinado como un coleccionista de vinyl, buscando versiones no publicadas de tracks o sets de festivales de hace algunos años atrás. El descubrimiento ahora está en Apple Music, buscando la discografía de varios artistas que he escuchado y otros similares a ellos. El descubrimiento se ha facilitado con el streaming y páginas como Soundcloud y Youtube.

Ahora escucho varios podcasts para descubrir música. Above & Beyond, Avicci, Max Vangeli y Fedde Le Grand presentan música que no había escuchado. Ya dejé de hacer mis propios mixes, pero los podcasts ocupan ese espacio. Voy descubriendo canciones en cada mix y las guardo en mi librería.

Muchos buscan identidad a través de la música. En retrospectiva, hay canciones y álbumes que son la banda sonora de tu vida. Ahora puedes escuchar millones de canciones en streaming. Esa necesidad de encontrarse en la música se ha mantenido con nuevas maneras de descubrirla. Basta con tener Shazaam en tu teléfono para guardar la canción que te gustó en la fiesta.

Mi descubrimiento del género electrónico tenía un signifcado distinto al de otras personas. Para mí, no era una fiesta o algo que se reducía al baile. Era algo más como un himno que escucho cuando veo el amanecer. Un acompañante para momentos difíciles, que era incomprendido. Mi mente logra concentrarse a 128BPM.

Todavía tengo días que solo escucho Discovery de Daft Punk y 4×4=12 de deadmau5. Este año, se unió Wild Youth de Steve Angello.

La electrónica tiene energía y sentimientos. Quiere ser escuchada tal cual es. No pretende ser más de lo que es: una mezcla de samples y un productor ingenioso. No llega a ser más minimalista que un beat, un bajo, unas vocales y una armonía.

¿Qué estás escuchando en el iPod?

Si me haces esa pregunta a medianoche con insomnia, lo más probable es que en mis audífonos está sonando Digital Love de Daft Punk.


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