La razón por la que escribo

Estaba lloviendo. Me acuerdo porque las persianas estaban cerradas y podía ver cómo el cielo se oscurecía hasta que empezó el aguacero. Era día de semana. Tenía mi chemise de bachillerato. Cuarto año de bachillerato, 2011. Abrí esta página sin un verdadero sentido más allá de querer escribir y comunicar. Podía hablar de magia, libros, películas, ideas, hechos que me ocurrían, lo que se me pasara por la cabeza ese día.

Crear mi página fue el inicio de una convicción de que algo misterioso, único y especial me atraía de la escritura. Puede que no lo haya reconocido en ese preciso momento, pero en retrospectiva veo cómo muchos puntos de giro se dirigen hacia esta idea.

Siempre me dijeron en el colegio que era bueno escribiendo. No entendía eso porque no encontraba qué hacia diferente de los demás. Tampoco practicaba en mi casa o tenía un hábito de escribir. Cuando me tocaba escribir algo para una tarea me sentaba y lo lograba. Ni siquiera era rápido, porque muchos compañeros terminaban sus trabajos mucho antes que yo.

En mi bachillerato, escribir tampoco era algo que hacía a menos que me asignaran una tarea o trabajo. A veces escribía unos ensayos breves sobre magia, pero nunca terminaba. Pero algo dentro de mi estaba buscando expresarse y documentar parte de mi vida.

Una vez intenté usar un diario sin mucho éxito. No expresaba ideas más allá de ¨me siento bien¨ o ¨estoy triste¨. Poco uso le di a ese diario.

Esas ganas iniciales de escribir quedaban pausadas, pero sí creció mi interés por la lectura. Me gustaba leer, pero no era algo regular. En segundo año de bachillerato empecé a leer con mayor frecuencia. Me interesaban las historias que lograban contar con palabras. Ese fue el segundo impulso que produjo efecto años después.

En cuarto año aumentó mi interés por la lectura y creé este blog. Ni sabía por qué decidí abrir un blog más allá de la simple curiosidad de tenerlo. Escribí de mis intereses y sobre magia. No sabía qué hacer con esto que había creado. Solo escribía cuando me llamaba la atención. No era constante. Drenaba las ideas cuando surgían. Más tiempo me pasaba leyendo, hasta tal punto que tuve la meta de leer 50 libros en un año.

En mi primer año de la universidad escribía cuando lo necesitaba. Tampoco me emocioné con las actividades de escritura creativa que realizábamos en la clase de Redacción y Estilo. No tenía aliento ni el ímpetu de escribir. Mi profesora anotaba en mis escritos que le ¨faltaban garra¨, algo que tampoco me aclaraba mucho mi carencia en la prosa.

Otra clase que no tenía nada que ver con escribir, Tecnología de la Información, fue la que me dio un nuevo aliento. Nos mandaron a crear un blog y actualizarlo de manera semanal. Ahí empecé a escribir semanalmente con la responsabilidad de que tenía un valor académico. La profesora me felicitó por varios artículos porque consideraba que mi estilo era diferente al resto.

En segundo año me tocó tener otra materia que tuvo e mismo resultado que Redacción y Estilo: Géneros Periodísticos. No me gustaba. Escribir una nota para un periódico es la creación más desalmada posible. ¿Es fácil? Sí. ¿Te enseña alguna habilidad al escribir? Algunas, pero nunca te va a permitir expresarte a plenitud. En algunas crónicas me animaba a hacer un mejor trabajo. Tenía una chispa diferente por más que detestara la materia. Terminando el año académico, me propuse a escribir con mayor regularidad para el blog.

Escribí sobre los parques de Disney, historias de logros importantes y cuentos que demostraran los esfuerzos creativos necesarios para lograr nuestros proyectos. Escribía un artículo a la semana, editando los dos días antes de su publicación. En el fin de semana estructuraba el próximo artículo a escribir. En un mes estaba desgastado, pero aprendí lo que podía lograr. Más allá de ello, encontré la pasión por escribir.

En esta experiencia mejoré mi habilidad, encontré el valor de escribir todos los días, aprendí a editar, tener un calendario editorial y formatear usando markdown. Lo más importante fue intentar de lleno a ser escritor y no fallar en el intento.

Me dedique a usar el iPad, que era más cómodo para mi escribir allí. Podía tomarlo y escribir cualquier idea. Dicen que la mejor herramienta para escribir es la que tengas más cerca. Me di cuenta que este era un mejor lugar para colocar mis ideas.

En 2015 paralicé mis esfuerzos cuando inicié la universidad. Sentía que no tenía tiempo. Pensé que podía retomar la idea de un diario. Eso sí lo puedo hacer. Por un mes escribía todos los días en Day One. No solo escribía, sino que documentaba mi vida. Mi motivación regresó. Sí lo puedes lograr, solo es cuestión de tiempo. Terminado el primer corte de la universidad en diciembre me planifiqué en base a mi creciente interés por escribir. Me coloqué una meta sencilla: 500 palabras al día. Unos día no lo lograba, pero igual lo intentaba. Me levantaba a las 4:30am para iniciar mi día escribiendo en paz y silencio. Mis primeros intentos fueron sobre mis reflexiones del año, los 18 libros que leí y una crítica de Star Wars VII.

En mi entusiasmo empecé a buscar cualquier literatura sobre el oficio de escribir, las mejores estrategias, cómo crear una rutina. William Zinsser, Anne Lammot, Rafael Tomás Caldera y Patrick Rhone fueron suficientes para reimpulsar una pasión que crecío inesperadamente. Anne Lammot me enseñó que el primer borrador siempre es una mierda. William Zinsser me enseñó que cada párrafo responde una pregunta. Rafael Tomás Caldera me enseño que para mejorar la escritura no hay de otra que seguir escribiendo. Patrick Rhone me enseñó que todo lo que escribes termina contando una historia.

Mi estrategia de inicios del año fue sencilla: escogía un tema la noche antes, me levantaba temprano y durante las primeras horas me sentaba a escribir. ¿Simple, no? El primer mes siempre es sencillo, el segundo es agotador. Ya para marzo estaba buscando otra manera.

Mi meta de publicar un artículo a la semana era lo que me movía. He fallado en algunas semanas, pero igual publico. Así fue cómo pensé cuál era mi objetivo con todo esto. Solo quería expresarme en totalidad de cualquier tema, con la responsabilidad de educar, inspirar, entretener a quienes me leen.

Balancear mi meta con la universidad fue difícil en los meses de abril, mayo y junio. Mis clases serían un vértigo de cosas que exigían toda mi atención. Mi estado emocional se degradaba con cada semana. Algo me faltaba. Algo no estaba completo. Me dedicada a redactar algo cuando podía y era el único respiro. Mi diario estaba lleno de sentimientos encontrados. En mayo esperaba con ansias cada sábado porque presentaba mi magia en el teatro. Era como un sueño entre tanto tormento.

Son las 6:47am mientras escribo estas palabras. Llevo hora y media despierto, cuando el silencio manda, la oscuridad invade y todavía está la musa caminando entre las estrellas.

¿Escritor? Tengo 21 años y todavía no sé qué me espera la vida, así que esa pregunta me parece apresurada. En mi poco tiempo de vida me he dado cuenta que las personas tienen muchas etapas con objetivos inesperados. Solo sé que este año la escritura me ha brindado una paz espiritual que no encontraba en mucho tiempo. Algo que llevaba años cultivando se desarrolló rápidamente en los últimos meses.

Forzar una dirección de vida es ser esclavo de un ideal que puede limitarte a nuevas oportunidades. Por ello es mejor tomarse el tiempo, sin apuros, de experimentar cada oportunidad que se te cruce por el camino. Con precaución, eso sí. Y colocando la razón de por medio. Si es algo que te hace crecer como persona, no lo pienses dos veces. Si es algo diferente y nuevo para tí, al menos acepta el nivel de principiante por unos instantes. Acepta la vida antes que suceda. Coloca tus objetivos claros, pero también acepta los objetivos y proyectos que se te crucen por el camino.

Hace ya 5 años abrí este blog. Jamás me imaginé que sería un proyecto personal que me diera tantas satisfacciones y que sería leído por tantas personas.

Me agradezco a ese yo de 16 años que quiso crear este espacio en noviembre del 2011.


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