En 500 Palabras | Eficiencia vs. Efectividad

Muchos caen bajo la trampa de colocar estas dos palabras en un mismo lugar. Ambas se relacionan al trabajo que realizamos, pero solo una destaca el resultado o la consistencia de nuestro esfuerzo creativo.

Una persona efectiva es alguien que realiza su trabajo de manera constante, pero no es consistente. La efectividad suele estar asociada a la actividad en función al tiempo. Es decir, una persona efectiva es aquella que realiza en menor tiempo alguna actividad, sin importar la calidad o consistencia del mismo.

Una persona eficiente es alguien que realiza una actividad de forma competente en función al tiempo que se le da. Puede tardarse más tiempo que una persona efectiva, pero siempre va a intentar presentar el mejor trabajo posible.

Cuando nos preocupamos en acelerar nuestro trabajo, olvidamos que en ese proceso perdemos la calidad que nos diferencia. Sacrificamos nuestra consistencia en favor de entregar las cosas a tiempo o antes del tiempo estimado.

Podemos ser brillantes y tener mucho conocimiento, pero si esto no es palpable en el valor de nuestro trabajo no servirá de nada.

La persona eficiente no toma más tiempo que la persona efectiva. La persona eficiente puede tener un mejor sistema para llevar a cabo el mejor trabajo posible. La actividad de la persona eficiente siempre va en función al valor agregado de la actividad, no en función del tiempo.

Pero, ¿cómo somos eficientes en un mundo tan orientado al tiempo?

Sí, tenemos que entregar algo en una fecha designada. El jefe nos pide ver algo de nuestro trabajo antes de irnos a nuestras casas. Si estás haciendo un trabajo individual, te gustaría ver progreso todos los días.

¿El problema? La creatividad no funciona en favor del tiempo.

Para ser eficientes, lo más importante es aprender a defender el valor que podemos ofrecer en nuestra área de conocimiento.

Estamos en una lucha constante contra el tiempo. Debemos buscar que nuestro trabajo represente todo el valor que podemos dar en el tiempo asignado; siempre dar más de lo que se puede. Es muy fácil caer en una zona de confort cuando estamos bajo presión. En esta situación, trabajamos entorno a la efectividad en vez de la eficiencia. La zona de confort ya la conocemos. No estamos explorando cuáles son los límites de nuestra capacidad.

Solo recuerda que ser eficiente o efectivo es una decisión individual.

Sí, puede que tu grupo de trabajo esté más orientado a la efectividad.

Pero tu puedes ser la diferencia, enfocarte en dar el mayor valor posible.

Y cuando los demás vean el valor, aprenderán a ser más eficientes que efectivos.

Es tu turno de hacer un cambio en tu trabajo.

No dejes pasar ni un día más.


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