En 500 Palabras | Punto de ebullición

Hay un punto que no soportas más. Estás a punto de delegarlo todo, dejar a un lado la responsabilidad asumiste con gusto. Puede ser una pasión de la niñez, una relación sentimental o tan solo un proyecto extra que aceptaste en tu trabajo. Tienes energías en diferentes áreas que parecen drenarte hasta que quedas exhausto de tan solo pensar.

Te felicito, llegaste a un punto de ebullición.

Todos hemos llegado a un punto de ebullición. Es ese estado de volatilidad y efervescencia donde cualquier opción que tomemos será negativa. Consideramos que el mundo se ha colocado en nuestra contra. Nos cuesta separar el raciocinio de la emoción a tal punto que consideramos que debemos ‘seguir nuestros instintos’ para tomar una decisión que requiere algo más que mera percepción.

Estamos conscientes que llegamos al punto de ebullición, pero no es fácil saber cuándo dejamos de estar allí. Es más fácil saber que estás molesto que reconocer cuándo finaliza esa emoción.

Para una persona creativa, donde constantemente debes tomar decisiones que afectan el resultado final de un proyecto, el punto de ebullición es el estado enemigo. Pero caemos muy fácil en el ya sea por el corto tiempo, el esfuerzo colaborativo o simplemente no podemos separar un mal día de nuestro trabajo. Y eso es normal, porque en el proceso creativo no hay límites claros de cuando empieza y cuando no. Un publicista puede estar pensando en su casa sobre el último brief que le entregaron porque las ideas creativas siguen fluyendo en su cabeza aunque haya salido del horario de 9 a 5 de la agencia.

Para estos casos, simplemente nos toca distanciarnos un poco de nuestro trabajo. Puede que sea necesario trabajar en otro proyecto, darnos un tiempo de pausa.

Los escritores conocen muy bien esto. Saben que cuando las ideas no se encuentran, probablemente tienes que dejar reposando el texto y retomarlo en un par de días. Sé que en algunos trabajos no se pueden dar el privilegio de hacer este ejercicio, pero vale la pena intentarlo al menos una vez.

Probablemente hayas llegado al punto de ebullición porque en algún momento perdiste el verdadero propósito del trabajo o proyecto que estás realizando. Es muy fácil recaer sobre el cómo y dejar a un lado el por qué, cuándo, dónde y qué.

Cuando retomamos estas preguntas antes de ir directamente al cómo, la frustración que viene de sentirnos paralizados empieza desaparecer. Como personas creativas, nos encantan nuevos proyectos, empezar a hacerlos e ir saltando de una idea a la otra. Pero a veces es cuestión de concentrarnos en la razón de ser del proyecto para ver el mundo de posibilidades que tenemos por delante.

El punto de ebullición solo lleva a la evaporación de nuestras energías creativas. Entonces, es nuestra responsabilidad individual tener el propósito de cada proyecto que hagamos en nuestra mente para seguir adelante cuando sea complicado.


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