En 500 Palabras | Buenas Ideas, Malas Ideas

Vivimos de las ideas. Las buenas y las malas.

Aparecen en lugares inesperados y, en otros casos, nos vemos obligados a producirlas. Nos preocupamos demasiado en el modo de tener las mejores ideas posibles. Pero la verdad es muy sencilla:

Para tener buenas ideas, hay que tener malas ideas.

Muchas malas ideas.

Cuando digo muchas es que de cada mil ideas malas, una puede que sea buena.

Y la única manera que tenemos para producir las ideas es ser consistentes. No solo buscar las ideas cuando sea necesarias, ni dejar que la musa nos llegue a susurrar una en el oído. Es buscar las ideas de cualquier tema para que nuestra mente sienta la libertad de tenerlas.

Nos criticamos demasiado cuando estamos pensando en ideas sin siquiera ejecutarlas. Esto es tóxico. Nunca sabes al final si una idea puede funcionar o no a menos que empieces a fomentarla.

Cuando vemos a un hijo nacer, sus padres no piensan en lo fracasado que será como profesional. Por Dios, es un recién nacido.

¿Por qué criticamos de esta manera a nuestras ideas?

Cada idea que tienes es un niño recién nacido que apenas está respirando y llegando a este mundo cruel.

Trátalo con cuidado y déjalo crecer.

Luego puedes criticarlo, orientarlo, ver cuáles son las posibilidades que tiene en un futuro.

De todas las ideas que tengo para escribir, muchas de ellas se quedan a la mitad, otras las recupero meses después y unos no progresan ni en sus inicios.

Lo bueno de las ideas, tanto buenas como malas, es que aprendemos de ellas. Cada idea que tenemos nos da una pequeña visión de nuestras aspiraciones, la percepción que tenemos del mundo, lo que pensamos sobre nosotros mismos.

Por eso es que las ideas, sean buenas o malas, son tan maravillosas. Establecen un marco de referencia sobre lo que pensamos nosotros como personas.

Cuando termines de leer esto, escribe 10 ideas. Solo 10 ideas de cualquier proyecto o tema. Puede que algunas ideas las hagas y otras no. Seamos sinceros, puede que ninguna de ellas las hagas. Pero al menos por unos breves minutos le diste a tu cerebro un pequeño ejercicio, un entrenamiento y un recordatorio de que siempre podemos soñar en cosas mejores para nosotros.

Escribe 10 ideas al día y ejercitarás tu mente. La creación de ideas es un músculo que se puede mejorar. No pienses si las ideas son buenas o malas. Solo piensas que mientras más ideas produzcas, más probabilidades tendrás de tenerlas.


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