En 500 Palabras | Avatar

De vez en cuando hay que encontrar un tubo de escape para luego enfrentar la realidad. Así fue la semana pasada, con la presentación de la prensa especializada de Pandora: El Mundo de Avatar en Animal Kingdom.

En 2011, Bob Iger anunció que el mundo de James Cameron cobraría vida en Orlando. La prensa especializada dudaba el destino de esta propuesta. Avatar ocuparía el puesto de Beastly Kingdom, un proyecto que nunca surgió por múltiples razones, entre ellos el fracaso de Euro Disney en sus primeros años, recortes de presupuesto y que muchos Imagineers frustrados llevarían sus ideas de Beastly Kingdom para ser utilizadas en el proyecto de la competencia (Islands Of Adventure).

En 2014, empezó la construcción de Avatar en Orlando. Sin embargo, los fans de Disney no estaban seguros de un proyecto basado en una propiedad intelectual que no es de Disney y se basa en el éxito de una sola película.

Joe Rohde, el Imagineer líder de este proyecto, explicó las razones por la cual Avatar era parte de Animal Kingdom. Los temas de conservación, transformación a través de la aventura y la naturaleza son valores principales del parque temático. Poco a poco, todo empezaría a tener sentido.

A medida que hacían adelantos de Avatar, los periodistas empezaron a entusiasmarse.

La semana pasada, las puertas fueron abiertas y la prensa quedó impactada con el mundo de los Navi.

No vimos los resultados del proyecto hasta seis años después de su anuncio.

Me sorprende cómo un grupo de creativos puede dedicarle tantos años a un proyecto. Si me canso de proyectos que toman semanas, no me imaginaría un proyecto de seis años. Pero una persona creativa está dispuesta a tomarse el tiempo necesario para sus proyectos.

Durante las discusiones para crear el mundo de Avatar, probablemente hubo debates constantes. Imagínense discutir con James Cameron, supervisando cada detalle de los planes, asegurándose de que se mantenga la estética original de la película.

Los proyectos exitosos toman tiempo. En ese tiempo, tenemos la libertad de pensar, de fracasar, de explorar miles de opciones. Son años en un proceso de incubación. Poco a poco se van centrando las ideas hasta obtener un resultado donde todos están satisfechos. La satisfacción no está en saber cómo terminar el proyecto, sino en el ambicioso reto que han asumido. Tan ambicioso que puede fallar en cualquier momento. Los Imagineers pueden pasar años creando una atracción, pero son los visitantes quienes dan el veredicto final.

Con una película de 7 años de antigüedad y secuelas pospuestas hasta 2019, hay mucho en riesgo con Avatar. Walt Disney Imagineering acabó de realizar un proyecto que puede perder vigencia si las secuelas no logran el mismo éxito que en 2010.

Pero el posible fracaso es parte de la creatividad.

Los proyectos toman tiempo y hay que estar dispuestos a mantener nuestras energías creativas en todo momento. Es una exigencia.

Hay que luchar en cada momento del camino y no dejar que la resistencia nos afecte.


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